Colombia polarizada: falso.

Colombia polarizada: falso.

Si hablamos de formas de pensamiento político como izquierda y derecha, el país estaría polarizado si aproximadamente en la misma proporción hubiese una corriente de extrema izquierda y otra de extrema derecha, o aún podríamos hablar de cierta polarización si en proporciones equilibradas hubiese dos corrientes, centro izquierda y centro derecha. Ninguna de las anteriores es el caso de Colombia después de la primera vuelta de elecciones presidenciales 2018. Si somos concretos, el país estaría polarizado si los dos candidatos fuesen Iván Duque como representante del uribismo (extrema derecha) y Rodrigo Londoño (Timochenko) como representante de las Fuerzas Alternativas del Común, FARC (extrema izquierda). Asociar a Gustavo Petro con la extrema izquierda sería una expresión de ignorancia de tal magnitud como asociar a cualquier pensamiento de centro derecha o derecha con extrema derecha. Las políticas que propone Gustavo Petro no se parecen en nada a un comunismo que elimina la propiedad privada, sino que son políticas de disminución de las brechas sociales y respeto por la dignidad humana, características de centro izquierda o izquierda (dependiendo del grado de relevancia de estas políticas) pero nunca son políticas de extrema izquierda. Por otro lado, las políticas de Iván Duque están centradas en la protección al monopolio y el fortalecimiento del “castigo” como control social, propios de una corriente de extrema derecha.

Por qué se quiere hacer ver la aparición de una corriente de izquierda junto con la extrema derecha como la polarización de la política colombiana. Por el simple hecho de que el hombre es un animal de costumbres, estábamos acostumbramos a ver en nuestra política por décadas y más décadas a gobiernos de derecha y extrema derecha, y la aparición de pensamientos de izquierda en las opciones presidenciales se quieren hacer ver como alarmantes y polarizadoras, cuando realmente son indicios de que la democracia en Colombia está viendo una luz en el oscuro y prolongado túnel. Mientras la derecha tradicional no pudo con la desigualdad social ni otros males sociales (ya sea por ineptitud o por conveniencia), permitiendo la corrupción como elemento de estabilidad política y dejando propagar la violencia como fruto o consecuencia de la injusticia social (la pobreza no es la causa de la violencia, sino la injusticia social), la aparición de nuevas corrientes políticas como la izquierda de Petro y el centro de Fajardo permitieron que se sumaran nuevos votos a la constante nacional, fueron nuevos votos de “los indignados” y los que quieren una Colombia para los colombianos de bien. Para reforzar este razonamiento, vemos que las cifras de votantes a favor del Establecimiento permanecieron constantes, siendo la suma de varios elementos de opinión: una parte de la maquinaria corrupta, otra parte la masa conservadora que se inclina por el statu quo en vez del cambio, y una última de gran tamaño que compone lo que llamamos los lavados de cerebro o personas que se dejaron llevar por mitos irracionales que tienen nombre propio, como la seguridad democrática, el castrochavismo y otros que resuenan en las redes sociales como ecos perturbadores de la paz, esta última teniendo como significado desde las perspectivas de izquierda y centro el cambiar la inversión en armamento por inversión en cerebros (no queriendo decir esto cambiar las fuerzas militares por universidades, como lo pensaría alguien extremista).

Colombia estuvo polarizada durante más de 40 años con las guerras entre dos bandos, pero ahora, con los resultados de la primera vuelta y el proceso de paz en camino, Colombia está lejos de ser polarizada, las elecciones de marzo demostraron que está muy lejos que las FARC tomen fuerza política. Y realmente para que haya sensatez política en nuestro país, el asunto no es que la extrema izquierda tome fuerza, sino que la extrema derecha la pierda y de esta manera llegaremos a una democracia de verdad, con libertad de opinión, con gobierno y oposición juntos fortaleciendo la política nacional a través de discusiones equilibradas y jugándose la simpatía del pueblo solamente con bienestar sostenible y no con vicios ni mentiras mediáticas.

Tal vez a la extrema derecha y sus seguidores no les fue suficiente ver a las FARC derrotadas en las urnas, o tal vez están añorando el chivo expiatorio de todos los males colombianos, creados en su mayoría por ellos mismos y en algunos casos para su estabilidad política, como se demostró marcadamente en los últimos 20 años.

La polarización en la política tal vez no es buena, porque ella (la política) se convierte en una lucha por el poder y no por el bienestar de la sociedad, ni tampoco es buena la homogenización, porque entonces tendríamos una dictadura explícita o implícita que también vela por eternizarse en el poder y no por el bienestar del pueblo, por ello es bueno dar cabida a otras formas de pensamiento y de gobierno tanto en el espacio como en el tiempo, diferentes a las que ya gobernaron, para alcanzar el equilibrio político y social que necesita Colombia. La diversificación de la política sin extremos es un factor fundamental para construir no solamente un país en paz, sino también, y no menos importante, un país de bienestar, pues el mundo al que vinimos nos da solo una oportunidad de DISFRUTARLO en el marco del respeto por el medio ambiente, la equidad y el trabajo. No nacimos para ser esclavos de un sistema, sino que nacimos para construir un sistema que nos permita vivir en armonía con nuestro entorno social, político y ambiental. La izquierda es una forma de pensamiento político que también es necesaria en los gobiernos; particularmente en Colombia gracias a las corrientes de pensamiento de izquierda se construyó una constitución envidiable para muchos países. Ahora se necesita ponerla en práctica. Petro, así como otras figuras de la izquierda, se caracterizó por hacer contrapeso a las injusticias sociales, destapar la corrupción, al monopolio, ventilar el desvío de los dineros públicos; no en vano Petro fue nombrado en la lista de los ocho mejores alcaldes del mundo (según el portal The Huffington Post). De esta manera, la demonización de la izquierda en Colombia está perdiendo vigencia. Para los de centro, que no quieren escuchar los términos izquierda o derecha, hablemos entonces de cambio o establecimiento, oportunidad o monopolio, justicia o corrupción, desarrollo sostenible o explotación minera, etc. – todo esto las mismas ideas pero con nombres diferentes.

Es hora de que el paraíso natural colombiano deje de ser un infierno social.

 

Cordialmente,

Ariel R. Becerra, PhD en Física Teórica.

ConSCiencia Universitaria

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